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martes, 18 de noviembre de 2025

Renacer

Por fin llegó el poema.

Se lo dedico a todas las mamás.

RENACER

Hace tiempo que no sabía lo que era mirarse

al espejo y no reconocerse,

ni lo que era temer a todos los miedos

que te esperaban con paciencia en los treinta años.


Ahora tengo treinta y uno,

y una calma que me mira desde el sofá

mientras mi hijo respira.

Ya no soy la que corría tras la vida;

la vida corre detrás de mí y no me alcanza.


He dejado amigas en las cunetas,

ilusiones en aeropuertos,

poemas en ciudades que ya ni nombro.

He fallado —sobre todo a mí—

por imprudencia o confianza mal construida,

pero qué liberación reconocerlo sin culpa.


Ya no convierto el dolor en arte como antes;

ahora el arte se sienta a mi mesa

cuando corto una pizza,

cuando apago la luz y él duerme,

cuando no tengo que demostrar nada

ni validar todo lo que siento.


Me asquea el mundo,

la política,

la pantomima que esconde el trabajo social,

las causas que ya no me causan nada.


Y, sin embargo,

qué milagro este cansancio que huele a hogar,

qué revolución este silencio sin aplausos.


He pasado del placer que me hacía imprudente

a la paz que me hace firme.

He pasado del “voy a rehacerme”

al “ya estoy aquí, entera, aunque duela”.


Edén vino a enseñarme

que la luz no está en las ciudades ni en los logros,

sino en la respiración chiquita

de alguien que te necesita sin condiciones.


Y sí, fui una mujer que creyó

que la maternidad era rendirse al sistema,

pero resulta que fue mi insurrección más salvaje.


Porque ya gané.

Porque no necesito que el mundo me entienda,

ni que me aplauda,

ni que me devuelva lo que no supo darme.


En el duelo del postparto,

una parte de ti muere cuando nace esa nueva vida.

De ahí el renacimiento de las mujeres cuando empiezan a maternar:

un renacimiento lleno de transformación,

de cambio interno y externo.


Yo gané, porque conseguí que el dolor no me ganara a mí.

Yo gané, porque me veo más guapa por dentro que por fuera.

Yo gané, porque mi flor solo brilla.

Yo gané, porque si perdía, no perdía solo yo.


La maternidad es eso:

la única opción es ganar.

Ganarte a ti, resiliente,

y ganar a tu mayor tesoro.


Ya entendí.

Ya sané.

Y ya dañé.

Ya pasó.


Ahora solo toca brillar,

y cuidar a esta flor

para que nunca tenga que marchitarse

en su jardín del Edén. 🌷


domingo, 20 de julio de 2025

Mis cimientos

El pantano que desdibujaba las ideas entre el sueño y la muerte se convirtió en una llanura de ideas solitarias.
Había demonios y mazmorras y desterrados que en otro tiempo habían sido amigos o incluso algo más.

Sus almas perdidas se desconocían y en algún momento serían oráculo 
para conseguir algún tipo de meta para salir del vacío que dejaba el ruiseñor muerto tras tanta delicia de azúcar glas.
  
Se hundían las moléculas y atrapaban a sus presas inpregnándolas con las garras de Lucifer
La metáfora del ángel caído sirve para mi historia

No sé si caído o aún desterrado. 
Mi sueño de soñar eternamente está atrapado en las dunas. Y las dunas están llenas del tóxico blanco 

Se me aparecen demonios pasados y solo me apetece regodearme entre recuerdos macabros mientras sigo desdibujando las ideas que un día sostuvieron mi palacio. Yo habitaba un palacio del que ya no recuerdo el reino. 
Yo reinaba en un reino donde ya no hay nombres ni personas. 
Mis cimientos están totalmente destruídos pero me sienta bien estar rodeada y amparada por destrucción, 
al fin y al cabo él ha huído al refugio de las estrellas y ellas, siempre tienen algo que decir, aunque ya no calmen las tempestades ni ahuyenten a los demonios. 
Algún día habitaré un palacio con nombre propio, 
pero mientras tanto no tengo intención alguna de seguir nombrando nada que no me haga recuperar mis cimientos.

sábado, 10 de mayo de 2025

La verdad del ciclo

Tengo un hijo, tengo un perfecto hijo y no quiero estropearlo.


Hace más de dos años que me he rendido ante la caza, solo quiero tomar caldito y sentir que vivo en paz con algo que no sea mundano.

Tengo una cicatriz en el vientre, tengo una larga cicatriz en el bajo vientre, que yo sé que en el fondo me acompleja y narra una larga historia que aún no he sido capaz de escribir.


La guerra fría después de hacer a un niño, ya no es relevante, ya nada relativo a dolencias del corazón por malos amores será relevante para mí.


No sé cómo he podido vivir tantos años tantas cosas de un modo tan inconsciente, disociado e imprudente mientras me pensaba cuerda o me pensaba digna de seguir pensando así.


Mi hijo, tiene nombre propio, desde que aún estaba en mi tripa, y espero que le guste su propio nombre y que le sirva para darse el valor necesario todos los días de su vida, esa vida, que va a ser decidida por su propio corazón y por su propio cerebro,

su cerebrito.


Mi manera de proceder y de procesar en el día a día ha cambiado de una manera exponencial desde el 2023. Me vi muy vulnerable y sin voz al principio, aún tengo pesadillas gritando auxilio y no dar emitido el sonido de socorro desesperada, hasta despertarme con el corazón a toda metralla de sentir. 


Después ya me vi más curada, la panza dolía menos, el bebé crecía y las cosas se iban posicionando diferente, pero mi contexto era horrible, eso era lo que realmente no me dejaba respirar. 

Una madre con metástasis incierta unida a un nacimiento, un futuro hermano huérfano desamparado, un novio y padre desbordado con huídas, gritos y yo, una madre colapsada, extresada, rota por dentro y por fuera e intentando mantener la calma todo el tiempo, pero era imposible, viví un postparto en estado de alerta y en estado de shock.

Aunque parezca de algún modo resiliente, bohemio o artístico, ya no quiero que mi fatídica vida sea carne de espectáculo.

Me separé temporalmente de la peor forma, 

y desde ese punto de mi soledad acompañada y con mi bebé todo cambió. Sentí la mejor compasión y cura de mi vida. 

Lloré mares, pero sané océanos. 

Desde el pánico y la libertad de la jaula de la maternidad empecé a sentirme más sana y más consciente que nunca. 

Mi vida ha sido una vida más, pero nuestra vida juntos, Edén y Tamila, esa vida es mi mayor obra de arte.

Toma biberón, duerme conmigo y no come sólido todavía (11 meses) y me suda el papo que a alguien no le guste. Ya lo digo para que se me juzgue con criterio.


Soy madre de un niño que tiene en los ojos el cielo y el mar,

Soy madre de un bebé que está creciendo,

Es blanco como la leche, rubio como un óxido diverso y tiene en los ojos la mejor historia del mundo.

Despertar y ver su carita reír

sentir lo que nunca pude sentir 

Es su luz,

es mi templo.

Edén a mí me ha hecho repensarme hasta cuando creí que me había pensado mucho.

La compasión y la verdad sobre el ciclo de la vida me las ha dado conocer a mi pequeño caracol.

Cara

col

col

col

saca los ojitos al sol.



Soy madre y los domingos ya me dan igual y si me apuras el existencialismo también.

martes, 18 de febrero de 2025

Cada 17 de mayo va a ser el día de mis letras favoritas: Edén

9 meses de mamá, de hija, de hermana y de nueva Tamila, sin duda,

La maternidad, al igual que el feminismo en su día, ese feministo sin adulterar, y esta maternidad sin romantizar, me han cambiado totalmente la vida.

Aún no he ni terminado de procesar lo que es hacer una vida, querer tanto a esa nueva vida y preocuparse tanto por mantenerla con vida a toda costa.

Mi corazón ahora se llama Edén, y yo creo que va a latir siempre a ese ritmo.

No sé si va a ser una experiencia paradisíaca, pero sin duda va a ser la mayor experiencia de mi vida.

He llegado a los 30 con coche y con bebé, pero comprar un piso todavía sigue siendo inalcanzable, seguiremos en la lucha, pero ahora ya desde el piso de alquiler o de mamá.

Estoy intentando hacer el mejor poema para celebrar la vida y la sanación por haberla hecho, pero aun me faltan palabras para describir toda la parte tan violenta que rodea a la maternidad intentando tapar lo bonito, que francamente, tarda en verse, pero yo ya he conseguido verlo, y es bien bonito,

así de bonito.


E

 D

  É

    N

      :)


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