Por fin llegó el poema.
Se lo dedico a todas las mamás.
RENACER
Hace tiempo que no sabía lo que era mirarse
al espejo y no reconocerse,
ni lo que era temer a todos los miedos
que te esperaban con paciencia en los treinta años.
Ahora tengo treinta y uno,
y una calma que me mira desde el sofá
mientras mi hijo respira.
Ya no soy la que corría tras la vida;
la vida corre detrás de mí y no me alcanza.
He dejado amigas en las cunetas,
ilusiones en aeropuertos,
poemas en ciudades que ya ni nombro.
He fallado —sobre todo a mí—
por imprudencia o confianza mal construida,
pero qué liberación reconocerlo sin culpa.
Ya no convierto el dolor en arte como antes;
ahora el arte se sienta a mi mesa
cuando corto una pizza,
cuando apago la luz y él duerme,
cuando no tengo que demostrar nada
ni validar todo lo que siento.
Me asquea el mundo,
la política,
la pantomima que esconde el trabajo social,
las causas que ya no me causan nada.
Y, sin embargo,
qué milagro este cansancio que huele a hogar,
qué revolución este silencio sin aplausos.
He pasado del placer que me hacía imprudente
a la paz que me hace firme.
He pasado del “voy a rehacerme”
al “ya estoy aquí, entera, aunque duela”.
Edén vino a enseñarme
que la luz no está en las ciudades ni en los logros,
sino en la respiración chiquita
de alguien que te necesita sin condiciones.
Y sí, fui una mujer que creyó
que la maternidad era rendirse al sistema,
pero resulta que fue mi insurrección más salvaje.
Porque ya gané.
Porque no necesito que el mundo me entienda,
ni que me aplauda,
ni que me devuelva lo que no supo darme.
En el duelo del postparto,
una parte de ti muere cuando nace esa nueva vida.
De ahí el renacimiento de las mujeres cuando empiezan a maternar:
un renacimiento lleno de transformación,
de cambio interno y externo.
Yo gané, porque conseguí que el dolor no me ganara a mí.
Yo gané, porque me veo más guapa por dentro que por fuera.
Yo gané, porque mi flor solo brilla.
Yo gané, porque si perdía, no perdía solo yo.
La maternidad es eso:
la única opción es ganar.
Ganarte a ti, resiliente,
y ganar a tu mayor tesoro.
Ya entendí.
Ya sané.
Y ya dañé.
Ya pasó.
Ahora solo toca brillar,
y cuidar a esta flor
para que nunca tenga que marchitarse
en su jardín del Edén. 🌷
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